Hace algunos meses, uno de mis amigos vendia un libro. Pero no era uno de novelas o de cuentos.
Era "Las flores del mal", de Charles Baudelaire.
Apenas lo vi, me enamore de él (libro). Venia forrado en terciopelo negro, unas hojas y petalos de rosa quemados engalanaban la portada y en un espacio en blanco venia el titulo escrito a cursiva, con letras rojas. Sus hojas, ligeramente quemadas por los bordes, tenian impregnado el aroma de una colonia que me recordo mucho a las funerarias. En su interior venian poemas hermosos que me atraparon al intante. Muchos me encantaron, pero el que más me llegó, fué este:
El reloj.
¡Reloj! Dios siniestro, malvado, impasible,
cuyos dedos amenazan y nos dicen: <<¡Recuerda!>>.
Los vibrantes Dolores en tu corazón aterrado
se clavarán, como si fuera en un blanco;
el Placer vaporoso huírá hacia el horizonte
como una sílfide detrás de un bastidor;
cada momento devora un trozo de delicia,
a cada hombre acordada para toda su flor.
Tres mil seiscientas veces por hora, el segundo
susurra: <<¡Recuerda!>>. Rápido con su voz
de insecto, ahora dice: Yo soy el Ayer,
he tragado tu vida con esta boca inmunda.
¡Remember! ¡Recuerda! ¡Acuerdate!
(Mis labios de metal hablan todos los idiomas.)
Los minutos, mortal inconsciente, son gangas
que es necesario retener hasta extraer su oro.
Recuerda que el tiempo es un ávido jugador
que gana sin trampas, golpe a golpe. Es la ley.
El día termina; la noche se acerca. ¡Recuerda!
El abismo siempre tiene sed, la clepsidra se agota.
Pronto sonará la hora en que el divino Azar,
y la augusta Virtud, tu esposa aún virgen,
incluso el Arrepentimiento (¡Oh, postrer refugio!)
todo te dirá: <<¡Es demasiado tarde, muere, viejo cobarde!>>
Estando tan cerca del día de muertos, no puedo evitar recordar este poema una y otra vez.
Buenas noches.