lunes, 3 de enero de 2011

Navidad

- ¿Puedo dormir en la sala?

La madre miró enternecida a su hija y buscó la aprobación de su esposo, con una mirada que parecia decirle "Anda, no le rompas su ilusión a la niña".
El padre lo pensó unos momentos. La respuesta fue recibida con saltos de júbilo.

- ¡Gracias, papi!

Total, a nadie le hacía daño que la niña acampara debajo del arbolito.

Después de que la pequeña se durmiera y de colocaran los regalos, el papá quiso levantarla en brazos para llevarla a su habitación.

- Déjala ahí, querido, déjala. Así lo primero que verá cuando despierte, serán sus regalos.

Y él la dejó ahí, pensando en que se despertaría muy temprano para ver la cara de felicidad que pondría su princesita apenas abriera los ojos.

Pero no hubo una ancha sonrisa en el rostro de Melisa ni ese, ni ningún día después.

La sala amaneció despojada de la televisión, del estéreo, del árbol con todo y regalos.

Y lo único que quedó de su querida hijita fue la cobija.

Autoría propia.